Santiago de Chile

Lennox Dirección y gobierno Agendar conversación

Estructura, equipo y gobierno

Damos estructura a la toma de decisiones: funciones, roles y atribuciones claras sobre quién resuelve qué. De ahí salen el organigrama, el directorio y las reglas entre socios que hoy son de palabra. Antes de que dejen de coincidir, no después.

I

Qué instalamos

Cuatro piezas, y en este orden.

1  ·  La estructura: roles, funciones y atribuciones

Las empresas parten sin estructura: todos hacen de todo, los territorios entre socios se traslapan y no hay un responsable final, así que cada decisión termina votándose. Lo primero es definir funciones, roles y atribuciones: de qué responde cada uno y quién resuelve qué. Sin eso, lo que venga después se construye sobre arena.

Sobre todo, el traspaso ordenado de las decisiones que hoy pasan todas por el dueño. Ese es el trabajo real: que la empresa deje de depender de una sola cabeza, sin que la calidad de las decisiones caiga en el camino.

2  ·  El organigrama y el directorio

El organigrama es donde esas definiciones quedan a la vista: quién reporta a quién, qué cubre cada cargo y qué no está cubriendo nadie. Sirve además para ver qué posiciones faltan y en qué orden conviene llenarlas, porque en general se contrata por urgencia y no por diseño.

El directorio viene después, y no toda empresa lo necesita todavía. Tiene sentido cuando hay socios con opiniones distintas, gerentes que deciden sobre materias relevantes, o al menos una decisión estructural al año. Antes de eso, un comité mensual bien llevado cumple la misma función sin el costo de un directorio formal.

3  ·  El control interno que lo sostiene

Un gobierno que no se apoya en información confiable es una formalidad vacía. Niveles de aprobación por monto, separación de funciones, cierre mensual en fecha y orden documental. Sin eso, el directorio discute sobre datos que nadie puede defender.

4  ·  El pacto de accionistas

Las reglas del día en que los socios dejen de estar de acuerdo. Lo ideal sería escribirlas antes de constituir la sociedad, o muy al principio, porque es el único momento en que se pueden acordar con justicia: nadie sabe todavía a quién le va a convenir cada cláusula. Casi nunca ocurre, y el problema es que cada año que pasa cuesta más, porque hay más en juego y menos disposición a ceder.

Dos advertencias sobre esto. La primera: cada materia que ustedes no resuelvan ahora, con calma, va a terminar resolviéndose entre abogados cuando ya haya conflicto, con mucho peor resultado y bastante más costo. La segunda: el pacto tiene que decir qué ocurre si alguien no lo cumple. Multas, pérdida del derecho a voto, obligación de vender su participación con descuento. Sin esa parte escrita, el día que un socio incumpla no hay nada que exigirle y todo vuelve a negociarse desde cero.

II

Cuándo

Casi nadie ordena esto antes de necesitarlo.

En la práctica el tema aparece cuando ya hay algo apretando, y casi siempre es una de estas cuatro situaciones. Si dos o más te suenan, esta es la conversación que corresponde tener.

  • 01 Nadie tiene claro de qué responde. Dos socios dan instrucciones distintas a la misma persona. Una decisión queda esperando porque no está definido de quién es. Y lo que no tiene dueño lo termina resolviendo el que ese día tiene tiempo.
  • 02 La empresa dejó de ser solo de los fundadores. Hay gerentes y equipos, pero las decisiones de fondo se siguen resolviendo en conversaciones informales, sin que quede registro de qué se evaluó ni por qué se optó por una alternativa y no por otra.
  • 03 Los números no resisten una pregunta. Un banco, un fondo o un comprador pide respaldo y lo que hay son planillas sueltas. Los gastos se aprueban de palabra y nadie puede reconstruir después cómo se llegó a una cifra.
  • 04 Entre socios hay acuerdos, pero no reglas. Uno quiere salirse y nadie sabe a qué precio. Entra un tercero y no está definido con qué derechos. Llega el momento de repartir utilidades y cada uno tiene una idea distinta. O empiezan a aparecer los hijos, que van a ser socios sin haberse elegido.

III

En concreto

Noventa minutos al mes, y media hora se usa en decidir.

Tabla del directorio mensual

90 minutos

Caja y financiamiento Posición proyectada, líneas disponibles, capital de trabajo 15 min
Resultados del mes Margen por línea, desviación contra presupuesto y explicación 20 min
Indicadores de gestión Cobranza, inventario, dotación, cartera comercial 10 min
Decisiones del período Inversiones, precios, contrataciones, contratos relevantes 30 min
Riesgos y acuerdos Seguimiento de los compromisos del mes anterior, con responsable y fecha 15 min

Estructura de referencia. La regla que sostiene todo lo demás: el reporte se lee antes de la reunión, nunca durante.

IV

Cómo

Una conversación primero. Después, trabajo conjunto.

No entregamos un informe con recomendaciones y nos vamos. Lo que sigue a la primera conversación es trabajo dentro de la empresa, y el orden lo fija lo que esté apretando.

  1. Primero
    45 minutos, sin costo

    Conversación inicial

    Cómo está armada hoy la sociedad, quiénes deciden y qué está pendiente entre los socios. Te decimos qué observamos y si podemos aportar. Si no es el caso, te lo decimos igual.

  2. Después
    Trabajo conjunto

    Instalar y acompañar

    Se parte por donde más aprieta: definir roles y atribuciones, armar el directorio o el comité, o sentar a los socios a acordar las reglas que hoy son de palabra. Nos sentamos en esa mesa mientras haga falta, y el objetivo es que deje de hacer falta: que la rutina la sostenga tu equipo.

V

Preguntas

Lo que nos preguntan sobre esto.

¿Cuándo una empresa necesita un directorio?

No depende del tamaño sino de la complejidad. Cuando hay más de un socio con opinión, o gerentes que deciden sobre montos relevantes, o una decisión estructural al año, ya hace falta. En facturación, el corte suele estar cerca de los $300 millones anuales: bajo eso el dueño alcanza a tener todo en la cabeza, y sobre eso deja de alcanzar.

¿Qué diferencia hay entre un directorio y un comité de gerencia?

El comité de gerencia opera la empresa: revisa la semana, resuelve lo urgente y coordina equipos. El directorio la dirige: mira más lejos, controla a la gerencia, aprueba inversiones y responde ante los socios. Confundirlos es el error más común, y el síntoma es un directorio que se pasa noventa minutos discutiendo operación.

¿Sirve un directorio si somos solo dos socios?

Sí, y probablemente más que en cualquier otro caso. Repartir la propiedad por mitades exactas parece lo más justo, pero deja a la sociedad sin nadie que pueda cerrar una discusión. Veinte años sin trabarse no demuestran que el gobierno funcione: demuestran que hasta hoy alcanzó con entenderse.

El error frecuente es armar una mesa que copia ese mismo bloqueo: dos nombres puestos por cada lado y un tercero elegido justamente por ser el menos molesto para ambos. Para que sirva hace falta alguien externo de verdad, y dejar por escrito de antemano en qué materias su voto rompe el empate.

¿Qué debe incluir un pacto de accionistas?

Menos términos de los que uno imagina, y más situaciones concretas. El pacto existe para responder por escrito, cuando todos están tranquilos, las preguntas que después se hacen en caliente.

Qué pasa si un socio se quiere ir: a quién le puede vender su participación, en qué plazo, y si los demás tienen preferencia para comprársela. Cómo se calcula ese precio, con qué fórmula y quién la aplica, porque definirlo antes evita que el cálculo mismo sea la pelea. Qué ocurre si llega una oferta por la empresa completa: si el socio minoritario puede sumarse y vender en las mismas condiciones, y si el mayoritario puede obligarlo a hacerlo.

Qué parte de la utilidad se reparte y qué parte se reinvierte. Es el desacuerdo más anunciado y el que menos se habla a tiempo: quien trabaja adentro cobra sueldo y dividendo, mientras que a quien solo tiene participación el dividendo es lo único que le llega. Las dos miradas son razonables y aun así no calzan, salvo que exista una regla escrita antes de que los intereses empiecen a separarse.

Qué decisiones no puede tomar la mayoría por sí sola: vender activos, endeudarse sobre cierto monto, cambiar el giro, incorporar socios nuevos. Cómo se destraba una discusión cuando son dos socios al cincuenta por ciento y ninguno cede, sin terminar en tribunales. Y si alguien entra aportando trabajo en lugar de capital, en cuánto tiempo gana su participación y qué pasa si se va antes de completarla.

¿Ustedes redactan el pacto de accionistas?

No. El documento lo redacta tu abogado. Lo que hacemos es la parte previa: acordar entre los socios qué va a decir cada cláusula, con las condiciones económicas definidas. Cuando el abogado recibe ese acuerdo, el trabajo legal es rápido y barato. Sin él, se vuelve una negociación larga con abogados de por medio.

¿Cuánto demora instalar un directorio que funcione?

La primera sesión se puede hacer en cuatro a seis semanas. Que la rutina se sostenga sola toma más: entre seis meses y un año, porque lo difícil no es armar la tabla sino que el equipo llegue con los números a tiempo, mes tras mes, también cuando la semana viene mala.

Si yo soy el dueño y decido igual, ¿para qué quiero un directorio?

Es la pregunta correcta, y la respuesta honesta es que un directorio no te quita el control: te quita la comodidad. Cuando el dueño está en la sala, hay una tendencia natural a que todos esperen a ver qué opina antes de opinar. Ahí el órgano deja de aportar: la unanimidad ya no significa que haya convicción, sino que nadie quiso quedar mal contigo, y terminas pagando por escuchar tu propia opinión de vuelta.

Lo que sirve es un diseño donde el disenso tenga dónde ocurrir: al menos un tercero sin nada que perder contigo, materias en las que el directorio decide y no solo aconseja, y espacios de discusión donde tú no estés presente. Si la estructura nunca te incomoda, es un gasto sin contrapartida.

¿Cómo se prepara la sucesión en una empresa de dos socios?

No son dos sucesiones paralelas, una por cada familia. Lo que hay que ordenar es cómo se van a llevar las dos ramas entre ellas, y eso no figura en ninguna escritura: se traspasa el porcentaje, no el trato que lo sostenía.

Hay que definirlo mientras los dos socios están vivos y de acuerdo: reglas de entrada para quienes vengan después, una vía de salida con precio conocido para el lado que ya no quiera seguir, y qué pasa con el equilibrio cuando un lado se divide entre varios y el otro sigue concentrado en una sola persona. Lo que no se ordena antes de la herencia, se discute después con abogados.

¿Cómo sé si mi directorio está gobernando o solo aprobando?

Hay tres señales, y las tres son verificables sin ayuda de nadie.

Los acuerdos. Busque la minuta del mes pasado y cuente cuántos compromisos se cumplieron. Si nadie los revisó al empezar la sesión siguiente, esa lista no cumple ninguna función.

Dónde se decide. Si lo importante ya venía resuelto de una conversación previa, existen dos reuniones: la que decide y la que se escribe. En ese caso la minuta ya no documenta nada: solo respalda lo que se resolvió en otra parte.

La calma. Si llevan años sin incidentes, conviene distinguir si eso se debe a que los controles operan o a que aún no se ha presentado el problema que los pondría a prueba. Son situaciones muy distintas y se parecen bastante, hasta el día en que dejan de parecerse.

¿Sirve el gobierno corporativo en una empresa familiar?

Es el caso donde más se necesita y donde más cuesta. En una empresa familiar las conversaciones difíciles se posponen porque tienen costo afuera de la oficina, y llegan tarde, cuando el deterioro ya está hecho. Tener reglas escritas y un tercero en la sala protege a la familia tanto como a la empresa.

Hay un riesgo propio de este caso que conviene nombrar: que lo acordado el martes en la sala se deshaga el domingo en un almuerzo. Ordenar una empresa familiar cuesta bastante dinero; desarmarlo en una sobremesa cuesta más todavía, y con el agravante de que esa pérdida no la registra ninguna contabilidad. Por eso una parte del trabajo es acordar qué se decide dónde, y sostenerlo.

¿Qué pasa si los socios no logran ponerse de acuerdo?

Pasa, y no siempre es mala noticia. A veces el trabajo de alineación deja en evidencia que los socios quieren cosas distintas de la empresa, Cuando eso pasa, forzar un pacto solo posterga el problema: lo que corresponde es conversar la salida de alguno de ellos, de forma ordenada y con un precio justo. Es mejor descubrirlo en una sala de reuniones que tres años después.

VI

Contacto

Cuarenta y cinco minutos, y tres definiciones claras.

  1. i. Cómo está armada hoy tu sociedad y dónde está el riesgo.
  2. ii. Qué conviene resolver primero, y qué puede esperar.
  3. iii. Si somos el equipo indicado o no.

Sin costo, sin presentación comercial y sin compromiso posterior.

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Videollamada o presencial en Santiago.